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Mateo Valderrama

La intervención norteamericana en Chile 1970 (segunda parte)

El imperialismo norteamericano. La imagen de Estados Unidos para Chile

La imagen del llamado imperialismo norteamericano es una imagen construida a partir de la guerra fría. La vigilancia de los territorios al sur de los Estados Unidos fue marcando el contexto de la política internacional de Washington respecto de América latina. La revolución cubana en 1959 puso una voz de alerta en el concierto mundial cuando Cuba se alineo ideológicamente con el comunismo soviético.

Desde ese minuto los países de Latinoamérica podían estar próximos a Estados Unidos o definitivamente en el bando contrario.

En Chile, las inversiones norteamericanas en el campo de la minería habían tenido varios ajustes tributarios, pero en términos generales las compañías norteamericanas operaban con absoluta facilidad dentro del territorio.

La oferta crediticia que habían aprovechado algunos gobiernos con Estados Unidos, hacían ver la imagen de Estados Unidos como un aliado.

La política exterior chilena se dedica cada vez más a conseguir ayuda externa, en la forma sobre todo de préstamos de agencias internacionales. A eso se abocan no sólo los gobiernos radicales sino, después, los de Alessandri y de Frei Montalva.

Éstos al pedir ayuda se nutren justamente de la Guerra Fría, postulando a Chile como un país ejemplar, pero vulnerable, un país que merece ser ayudado y al que a los donantes les conviene ayudar, para que no vaya a caer en manos de los comunistas.

La ayuda económica que realiza Estados Unidos para el triunfo de Eduardo Frei en 1964, fue crucial para el triunfo de un candidato que asegurara una democracia protegida del yugo marxista.

Según señala el embajador norteamericano Edward Korry en entrevista en el Centro de Estudios públicos en 1996, serían aproximadamente 20 millones de dólares los que había recibido la Democracia Cristiana para las elecciones presidenciales desde distintas fuentes estadounidenses, pero particularmente la AID (Agency for International Development).[1]

La presencia norteamericana en Chile, era significativa. Funcionarios de gobierno, científicos de la Nasa, inversionistas y agentes encubiertos en las distintas agencias y organizaciones  mantenían un paternalismo político respecto del gobierno chileno de la época. Estados Unidos era percibido como un país fiador con el cual era importante mantener relaciones amigables a cambio de desarrollo.

Incluso el manejo político y económico de lo que en el gobierno de Frei se llamó la “Chilenización del cobre” se llevó a cabo dentro de absoluta normalidad.

“Ellas mismas llegaron a la conclusión de que debían negociar. Era una medicina amarga. Sacrificar ganancias extraordinarias que se debían a la guerra de Vietnam, pero era aceptable. Estaban satisfechas con el acuerdo de 1969”[2]

 

No obstante esta “amigable” percepción no la tenían los partidarios de la Unidad Popular que miraban en la Cubra de Castro y del Che Guevara un ejemplo a seguir, ya sea a través de la lucha armada o bien de manera democrática; una revolución con sabor a empanadas y vino tinto como se jactaba Salvador Allende cuando obtuvo su triunfo en las urnas en 1970.

La respuesta un pueblo soberano, y democrático en las urnas frente al imperialismo norteamericano.

Para este tercio de chilenos, la imagen norteamericana estaba potenciada por el rol invasor de Estados Unidos en la guerra de Vietnam, el bloqueo económico a Cuba y las operaciones de la CIA en distintos países donde se percibiera alguna simpatía con Moscú. La postura ideológica alimentada por la verborrea revolucionaria propia del discurso político cimentó las bases de un clima hostil de parte de ambos bandos. Clima que se reflejó en la prensa de fines de los 60’s previos a la elección presidencial.

El texto citado a continuación corresponde a un fragmento publicado en la revista Causa M.L. en Septiembre de 1968 sobre la penetración norteamericana en Chile:

 

“La penetración norteamericana en Chile no se ajusta solamente al control de la economía nacional para remesar sus utilidades a la metrópoli, capitalizar las industrias en Estados Unidos, y seguir dando oxígeno-dólar al despreciable monstruo imperialista.

De acuerdo a un informe de la CORFO cinco son las instituciones más importantes que se relacionan con el comercio exterior chileno: Fondo Monetario Internacional FMI.

Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento BIRF. Corporación Financiera Internacional CFI. Banco Interamericano de Desarrollo BID. Asociación Internacional de Fomento AIF. El primero de ellos, el FMI, se autodefine como un organismo destinado a "promover la cooperación monetaria internacional y la expansión del comercio mundial". En su estructura, cada país tiene derecho a voto en concordancia con el capital que ha puesto en él. Estados Unidos controla el 31% de los votos, seguido por el 27 por ciento de Inglaterra. En suma, el FMI hace lo que Estados Unidos desea, porque del lado que se incline genera un acuerdo.

El Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento BIRF  está mucho más atado que el FMI a la maquinaria estatal norteamericana, ya que, para obtener recursos crediticios, debe obtener consignaciones de presupuesto del Congreso yanqui, y además, tiene la obligación de colocar capital privado en el mercado norteamericano. Esto implica que los préstamos del BIRF, generalmente, son atados con la condición de gastarlos totalmente en el mercado norteamericano para la compra de los componentes importados de los proyectos nacionales. Está claro que el BIRF es, entonces, una agencia yanqui para estimular el mercado de productos yanquis.

La Corporación Financiera Internacional CFI es un engendro del BIRF, ya que depende totalmente de él, y su objetivo es "la promoción del desarrollo económico mediante estímulo a la empresa privada". Entre los beneficiados en Chile con los préstamos de la CFI están la Empresa Minera Mantos Blancos, Empresa Molinos y Fideos Carozzi, Cemento Bío-Bío y Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones. Para nadie es un misterio que este tipo de "grandes de la empresa privada" son los únicos nacionales que tienen buenas relaciones con los imperialistas y les sirven de cómplices para dominar el país que colonizan. El Banco Interamericano de Desarrollo BID tiene por objeto principal ayudar financieramente a los países del continente americano. Esta ayuda tiene las mismas características que la del resto de los organismos financieros que prestan dinero a las colonias latinoamericanas para poder explotarlas mejor. Controlado totalmente por los Estados Unidos es, desde 1961, administrador del Fondo Fiduciario de Progreso Social,  organización del gobierno norteamericano. La Asociación Internacional de Fomento AIF es afiliada al BIRF, y eso ya es suficiente para entender a quién ayuda realmente.”[3]

 

Para Allende y la Unidad Popular esa intervención norteamericana debía terminar, particularmente cuando era Estados Unidos el que influenciaba organizaciones internacionales como la OEA o los bancos internacionales que luego de la toma del mando le negaran los créditos a Chile como lo denuncia el mismo Presidente Allende en la ONU el 4 de diciembre de 1972.

 

Los intereses y las acciones de Estados Unidos

El primer objetivo del gobierno norteamericano era evitar que Allende ganara las elecciones. Las acciones que se siguieron no dieron los frutos esperados. El financiamiento de una campaña del terror, como se ha conocido con posterioridad no causó el efecto esperado.

“El departamento de Estado no quería intervenir porque no le tenía simpatía a Alessandri. Por otra parte, según el informe de la Comisión Church la CIA, por decisión del Comité 40, al que pertenecía Kissinger decidió mandar fondos a Chile por 425 mil dólares destinados a efectuar una campaña antimarxista, y no a favor de Alessandri.”[4]

Cuando el triunfo de Allende fue inminente, la preocupación del Departamento de Estado norteamericano queda demostrada en los reiterados cables que el Embajador Korry recibe y contesta a través de diversos informes.

Mensaje enviado por conductos no oficiales por el subsecretario adjunto Crimmins a solicitud de la oficina de Kissinger  del 5 de agosto de 1970:

“Mientras usted analice las 3 opciones respecto de las elecciones de septiembre, desearíamos que también tuviera en cuenta una cuarta que estamos estudiando por separado con una divulgación muy restringida. Esta opción sería la del derrocamiento o impedir que tome posesión del mando. Quisiéramos conocer su opinión sobre:

A) La posibilidad de que los militares y fuerzas policiales de Chile adopten medidas por su cuenta para deponer a Allende, y la probabilidad de que los militares sean alentados a asumir el poder por elementos tales como (nombre de un alto dirigente democratacristiano que mantenía una relación particularmente estrecha con Frei y que para Moyers no resulta fundamental).

 

B) Qué elementos de la policía militar podrían intentar deponer al gobierno.

C) Perspectivas de éxito si los militares y las fuerzas policiales procuraran derribar a Allende o impedir que asuma el mando.

D) Importancia de la actitud de los Estados Unidos para el inicio o el éxito de tal operación.

E) De acuerdo con los contactos que mantiene con representantes argentinos en Santiago, ¿cómo evalúa usted los deseos e intenciones de Argentina respecto de medidas contrarias al régimen de Allende?”[5]

 

Edward Korry comentó que años más tarde que este cable había sido instigado en la Casa Blanca mediante la habitual vía de comunicación no escrita entre Kissinger y el Subsecretario Johnson, de conversación directa citando las palabras empleadas por el Departamento de Estado en abril de ese año— los planes del Consejo de las Américas tendientes a realizar una operación financiera conjunta entre Estados Unidos e importantes empresas para elegir a Alessandri, tal como en 1963.

Las respuestas de Korry tienden a la cautela y recomendaba a Estados Unidos no caer en la tentación de formular propuestas vociferantes, ni desesperarse. Así como no retirar funcionarios norteamericanos ni reacciones extremas de ese tipo.

A pesar de ello Nixon esperaba que el embajador norteamericano hablara con Frei y este a su vez con los militares chilenos para evitar que Allende llegara al poder.

Frei habló con el secretario de estado adjunto, Richardson convenciéndole que la posibilidad que Chile se convirtiera en otra Cuba era total y absolutamente probable buscando de alguna manera que Estados Unidos interviniera directamente. Esta situación fue descrita y explicada por Korry en un cable dirigido a Nixon y a Kissinger, quienes decidieron usar a la CIA y continuar con la intriga.[6]

Frente a los intereses económicos había que esperar. Allende como lo había prometido en su plan de gobierno nacionalizaría el cobre, lo que era de prever, ya que en 1969, el mismo Frei había realizado una nacionalización pactada. Sin embargo altos ejecutivos de empresas como la Pepsi Cola, Chase Manhattan Bank y la ITT se reunían en Washington con el director de la CIA, Richard Helms y el propio Nixon a once días del triunfo de Allende en las urnas. Ante las ilustres visitas, Nixon expresa su deseo o su sentencia: - Allende no asumirá la presidencia. Hay 10 millones de dólares o más, trabajo a tiempo completo y cuarenta y ocho horas para un plan de acción.[7]



[1] (El embajador Edward Korry en el CEP, 1996)p.77

[2] (El embajador Edward Korry en el CEP, 1996)p.88

[3] (Rojas, 1968)

[4] (El embajador Edward Korry en el CEP, 1996)p.90

[5] (Korry, 1996)p.328

[6] (Korry, 1996)p.96

[7] (Hitchens, 2005)cap.5

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